Archivado en: Lausanne
Tras pasar la primera noche por aquí ya pienso que el primer día se hizo muy duro. Durante la noche antes del vuelo pude dormir apenas dos horas a causa de los nervios y me pasó factura durante el día.
Despedirme de la familia fue horrible: ver a mis padres llorar se me hizo un mundo; aunque separarme de Sandra lo fue aún más. Han sido más de cinco años y medio juntos como uña y carne.
El vuelo con Swiss fue genial. Estaba sentado justo encima de las puertas del compartimento de carga del Airbus 320 y el despegue y aterrizaje fueron brutales. Al llegar a tierras suizas sobrevolamos el lago Leman y fue una visión realmente increíble. La maleta tardó poco más de diez minutos en aparecer, pero creo que hubiera sido mejor perderla porque arrastrar esos 28 kg. como después hizo fue un auténtico suplicio.
Compro un billete para el tren de Gèneve a Lausanne (que por cierto, compré el que no tocaba al pulsar el botón ½ : P ) y cojo el tren: la puntualidad suiza es apabullante. Charla con unas españolas que conocían Sant Fost (¡ya hay que tener huevos!) y una amable estudiante se ofrece a hablar con el revisor en caso de que me pregunte donde está mi tarjeta de descuento (por lo del ½ básicamente). El revisor aparece mientras bajo en la estación de Lausanne : D

La estación de Lausanne y una calle típica (desnivel rompepiernas)
Aquí empieza el martirio:
- Do you speak english?
- Non
A muchos les enseño la dirección escrita de adónde me dirijo…
- M1?
- C’est ne pas existe! (o algo así !)
Al final consigo que me expliquen cómo llegar:
- Sube toda la cuesta y luego bajas, cruzas el puente y bajas por las escaleras. Veo que tu maleta pesa bastante, mejor toma el bus.
Hago caso omiso y pienso que mis 21 años están desaprovechados en hacer tan poco deporte y que subir una cuestecita no me hará daño…¡Maldita sea mi consciencia!
Lausanne es una ciudad fundada por el mismo Diablo. No entiendo como pueden organizar una maratón con la de desniveles que hay por aquí. Las 12 y todavía sin haberme subido al metro…Llego a la estación y para mi sorpresa las máquinas expendedoras tan sólo funcionan con monedas y con el importe exacto. Vuelta hacia fuera a cambiar. Volvamos: un amable encargado de la estación con un perfecto inglés (God save the swiss railway) me indica que la estación que busco no existe: Epeney:
- Maybe a mistake? Only exists Epenex…

Epenex doesn't exist!
(God fucks the FMEL website)
Al fin llego a Crissier, donde supuestamente se encuentra la residencia de Marcolet. Según las indicaciones que la FMEL ofrece en su web, literalmente:
“la residencia al lado de las tres chimeneas”
¡Coño, eso no es Sant Adrià del Besòs!
Las tres chimeneas las encuentro, pero la verdad es que dan pena porque no se ven hasta que te aproximas unos 100 metros…Desde la posición de la parada del metro hasta el edificio 52 donde vivo existe una pequeña diferencia: me he dejado partes de mi nueva maleta en un camino sin asfaltar y mis bíceps han crecido 3 cm. de diámetro.

La maleta y como quedó la parte baja al atravesar el camino de tierra.
Entro sin hacer ruido en el edificio misión: evitar contacto visual en cualquier caso con el conserje Nemesis. El cofre B lo encuentro rápidamente (las instrucciones al llegar al edificio que me dio Nemesis fueron encontrar un supuesto cofre, como en Piratas del Caribe…). Introduzco el código…esto no se abre. Cambio los números de orden: continúa sin funcionar. Le pego un puñetazo: el cofre es de hierro forjado…Miro las instrucciones y consigo abrirlo: el mundo no está hecho para informáticos impacientes : )


De camino a la residencia
Subo la maleta a pulso un piso y acabo con mis fuerzas para el día. Un hombre de color de mi edad aproximadamente me mira con los ojos desorbitados y se empieza a partir el culo a mi costa:
- Hello, my name is ******* (sigo sin saber como se llama, aunque ahora ya sé que es senegalés, simpático, que canta mal y que sabe cocinar).
- Brian, enchantée…
- Cool!!!
Me presenta a un argelino y les digo que me voy a duchar. Ellos se ríen al verme sudar a long, long trip to here…
Estos dos son encantadores, pero yo estoy con un humor de perros. Me instalo y el argelino se ofrece a acompañarme al supermercado para hacer la compra: es profesor en la UNIL, pero el próximo lunes vuela de vuelta a Argelia.
Tras descubrir que no tengo conexión a Internet intento colarme en alguna WiFi, casi todas protegidas y las libres con poca señal. A las malas consigo conectarme, intento desconectar el router del edificio, darme permisos…poco que hacer. El senegalés con una sonrisa me aconseja utilizar su conexión hasta el lunes cuando pueda hablar con Nemesis. Hablo con la familia, con Sandra, escribo algún mail y cuelgo las fotos del primer día.


Algunas fotos de la habitación
Mucha paciencia he de tener para que esto me empiece a gustar. Estar lejos de los que quieres es una muy mala experiencia y, sobretodo, lo es la soledad de saber que estás en un país extranjero, sin amigos ni conocidos, sin conocer muy bien el idioma y sin el canal cuatro.
Para acabar de rematar el día, una parte del sistema de ficheros del disco duro externo se corrompe. Consigo arreglarlo, pero Suiza va a acabar conmigo.
Mañana será otro día -me digo dentro del saco de dormir, en pijama largo (las noches sí que son fresquitas) y sobre un colchón sin sábanas.