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Después de la tragedia del metro de Valencia, el ambiente en Barcelona estaba enrarecido, recondándome a aquel 12 de marzo, después de los atentados. Hoy la gente ha sido amable en el metro, había mucho silencio y muchos de los asientos estaban vacíos mientras la mayoría estaba de pie en el vagón.
La consciencia general se resiente con este tipo de accidentes y es que todos los que viajamos en metro tememos una muerte como la de ayer.