Archivado en: Literatura Naiki
Se escuchan agudas guitarras atravesando mis tímpanos, justo a tiempo de identificar el estribillo...sanitarium, let me be...Sor Teresa aparece en mi horizonte de sucesos. Cruzamos miradas, marco mis ojos iracundos en los suyos. No es la primera ocasión que nos encontramos. Los siervos del inmaculado y del terror nos reconocemos mútuamente. La marca oscura se aprecia a distancia. La marca blanca me hace escupir sangre de las entrañas.
Se acerca a paso apresurado pues no tiene miedo a morir. Me preparo. Se asegura de que nadie nos observa y despliega sus alas en un vuelo fugaz contra mí. Se golpea el craneo contra la empuñadura de mi espada y nos lanzamos al vuelo ascendente. Noto como desempuña su daga de entre los hábitos mientras el aire frío me entra en los pulmones iriéndome al respirar. Vamos ganando velocidad y lanzo su daga al vacío al contrarestar su golpe. Paramos en seco. La cojo por el cuello en el milisegundo que dura la desaceleración. Estamos a 4.000 metros sobre el nivel del mar, sin miradas inoportunas, excepto la del maldito y el salvador. Libero el demonio que guarda mi espada y mi recorre el brazo, hinchándolo, destrozando venas y capilares y derritiendo el hueso. Siento el poder que se me ha otorgado. Despedazar a esta criatura será un placer.
Sor Teresa la protegida acaba sus andadas cuando mi brazo se convierte en metal fundido al atravesarle la mandíbula. La sangre me nubla la vista y sus alas se baten en retirada una y otra vez. La elevo en un suspiro y encamino a mi demonio con ambas manos sosteniendo la espada. Fulmino su cuerpo en un último destello y observo como la luz asciende hasta perderse de vista. Recojo mis alas de plumas negras y me dejo caer en caída libre. Destrozo mi cuerpo en mil pedazos contra el suelo y me regenero de forma limpia. No hay nada mejor para desprenderse de suciedad en los atuendos. Mi mentor se hubiera inmolado de ver mis métodos. Coloco la solapa de la chaqueta y me doy cuenta de que el reproductor de música ha vuelto a desintegrarse. Nunca recuerdo que los llevo y estos jodidos trastos valen una pasta. Ya van tres por este mes y voy a levantar sospechas en la FNAC.