Archivado en: London
Con pocas fuerzas nos levantamos el tercer día después de patearnos el Museo de Historia Natural el día anterior, por lo que la hora oficial de levantamiento de tropas fue las 10:00 hora zulú (y local). Como me había quedado con las ganas los dos años anteriores y porque persistencia no me falta (otros me llamarían cabezón) nos aventuramos en barco hacia Greenwich (pronunciado nativamente como greenich) para medirnos con su meridiano en un arduo round. El barco al más estilo guiri dió toneladas de fotos de sí (los de flickr ya me han dicho que hasta el mes que viene no me dán más cuota, snifi) y cuando llegamos seguros a puerto nos quedaban poco más de dos horas para tomar el último barco de regreso. Como persistentes ya hemos dicho que somos, llegamos a la cima del montículo que alberga el Royal Observatory (qué frase más larga) en poco más de 15 minutos consiguiendo así el récord Guiness (en cervezas). Foto aquí, foto allá, inspírate, paséate, un telescopio de cristal y todo cerrado y todo cerrado. Como hacían obras para construir el futuro planetario, pues no pagabas, pero tampoco veías nada muy interesante.
A su izquierda estatua del general Nelson (¿?) agujereado por disparos (no es coña) a su derecha el futuro planetario. Visita de cortesía al banco de las ardillas (por fin encuentro una puta squirrel en este puto país pues Sandra las exterminó hace unos años alimentándolas de magdalenas de chocolate, darth choco muffies) y no corrimos sino volamos para coger el barco y picar algo de comer (unas tartaletas que estaban para repetir, mushroms and onion and cheese pies). Nos topamos con uno de los últimos clippers aún conservados (que no, que no se trata del asistente de Windows...) con nombre Cutty Sark (que tampoco es el whisky, cacho borracho). Barco y hacia St. Katherines Pier a voltear un poco más que no estábamos cansados (!!!!).
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |